La Asociación SoyMujer de la que soy cofundadora, fue creada por 6 mujeres profesionales, emigrantes, desempleadas y con el añadido de superar la barrera de los 30 años, que llegamos a Canarias en busca de la felicidad. Juntas podríamos transformar nuestra vivencia en experiencia y fue así como decidimos crear la Asociación SoyMujer en el año 2009. Dentro del proyecto Mujer 2.0 y como encargada del área de información, creé la Revista Digital SoyMujer de la cual soy directora. Un espacio para visibilizar la opinión, esfuerzos, huellas, logros y trabajo de las mujeres en general. Llegamos a todo el mundo y contamos con un buen grupo de seguidores en Latinoamérica y Europa. La revista ha sido parte de mi adaptación e integración en esta sociedad y gracias a ella, he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas que han enriquecido mi vida y de construir momentos felices.
Mi camino hasta aquí comienza cuando, en el año 2004, viví el dolor de perder a mi esposo, el padre de mi hija y compañero por 14 años. Un hombre muy valioso que dejó muy buenos recuerdos en todos aquellos que le conocieron. Es una de las experiencias más dolorosas que se puede afrontar. Se preguntarán por que razón inicio una ponencia sobre la felicidad hablando de la muerte, pero hay una razón poderosa para ello y que hasta de la muerte podemos aprender a construir felicidad. Cuando la muerte se presenta, no te da tiempo de pedir disculpas, ni a compensar a los tuyos por todos los momentos no vividos, no admite concesiones, es implacable, irremediable y deja muchos huecos… Sin embargo su vacío te deja tiempo de sobra para recriminarte, acrecentar la culpa, hundirte, pero también y mucho mejor que ello, la muerte y cualquier otro suceso lamentable nos puede ayudar a reflexionar y tratar de corregir nuestro modo de vida. Puedes utilizar el dolor para fortalecerte, madurar y valorar lo que te rodea.
Tras superar ese proceso, el amor llamó de nuevo a mi puerta o mejor dicho, a mi pantalla de ordenador, Sí, amor on-line, el amor por Internet tan denostado antes y más aceptado ahora…Internet llevó a mi vida, el amor de la mano de un canario maravilloso, mi actual esposo, amigo y compañero de aventuras y desventuras. El amor me encontró fortalecida, madura y conciente de lo efímero de la vida y decidida a dejar atrás tanto dolor e ir en busca de la felicidad.
Luego de muchos clicks y papeleos, en 2007, pisé suelo canario después de un largo viaje que, entre escalas y vuelos se prolongó más de 22 horas. Llegué tras la felicidad que representaba para mí, la vida al lado del canario que había robado mi corazón a través de los mares. Ya me dirán ustedes cuánto de fuerte es ese amor, que me llevó a dejar familia, amigos, mis pequeños negocios, pero no llegué sola, mi hija, mi tesoro, vino conmigo, ella me apoyó en este sueño y así le mostré que a veces hay que darse la oportunidad de buscar los sueños aunque estén lejos de casa.
Yo no emigré por trabajo, yo vine por amor, con la certeza de que esta tierra sería en adelante mi hogar. Pero la mayoría de emigrantes deja su tierra por trabajo y lo hacen de manera temporal, con el objetivo claro de regresar a ella. Y no en todos, pero en muchos casos, ese objetivo les lleva a emplearse tan a fondo, que poco tiempo les queda para la integración. Independientemente de que la permanencia en un país extranjero sea a largo, corto o mediano plazo, cuando emigras, debes aprender a administrar tu vida para generar felicidad en tu tierra de origen y en tu tierra de acogida.
Cuando emigras debes luchar para que la nostalgia no te nuble los ojos, impidiéndote ver las bondades que te rodean y que están ahí al alcance de cualquiera. No es fácil. Hay emigrantes que se niegan a conocer la cultura que les acoge enclaustrándose en la suya de manera obcecada, con una actitud que muchos pueden interpretar como una postura fanática o de desprecio a la tierra receptora, cuando no es más que el reflejo del temor a olvidar sus raíces y de dónde vienen. Los hay que asimilan la nueva cultura por completo hasta olvidarse de la propia y los hay que integran la tradición y cultura de su país de acogida, a sus tradiciones de origen y en ellos y sus hogares se produce una encantadora fusión entre dos mundos. Yo pertenezco a este último grupo.
El emigrar me permite ver la vida desde otro prisma. Sé de sobra que las carencias y el subdesarrollo no te impide alcanzar la felicidad así como que el progreso y la riqueza material no la garantizan, así que administro mi vida para generar felicidad entre dos orillas del atlántico. En una orilla, mi tierra, mi Colombia llena de colores, flores, frutas, aromas y verde, mucho verde, en ella Donde están los abrazos de mis padres y los numerosos ratos familiares, mi familia, mi mayor tesoro y los recuerdos acumulados de muchos años, de toda una vida. En esta orilla, en medio del Atlántico en un archipiélago donde, como dice la canción, el viento da la vuelta, donde llaman a la puerta y te abren el corazón, es donde esta mi amor, la armonía de mi hogar, los amigos y la familia conquistada a golpe ser yo misma, el gofio, los bocadillos de pata, el mar, tanto mar, la sorprendente geografía, el clima, los nuevos recuerdos construidos cada día. En cada mundo disfruto de lo que me ofrece y atesoro recuerdos y vivencias para compartirlos en el otro
Como contable que soy pienso que la felicidad es ese saldo a favor resultante de restarle a tus haberes o activos (alegrías, perdones, logros, reconciliaciones, disculpas, vacaciones, celebraciones familiares, triunfos, empleos, convivencias) los deberes o pasivos (rencores, duelos, fracasos, ofensas recibidas, disculpas no dadas, perdones no concedidos, te quieros guardados, abrazos no dados) y a ese saldo a favor que obtenemos, yo lo llamo felicidad. Si el saldo es negativo, debemos analizar nuestras cuentas por pagar y empezar a compensarlas, por que causan una amargura tal que no te permiten ver la luz de los buenos momentos, ni reconocer lo bueno que la vida ha puesto y pone en tu camino.
Con todo esto es evidente que la felicidad la genera cada uno de nosotros, es nuestra responsabilidad, no es delegable. No la encontraremos de compras o llenando nuestros armarios. No importa en el lugar donde te encuentres, ni de donde vengas, si adquieres hábitos generadores de momentos felices, tendrás patrimonio para tirar de él en los momentos difíciles. Por ello, agradece cada día que inicias, disfruta de la belleza de la naturaleza, abraza a los tuyos y diles cuánto les quieres, sorpréndeles de vez en cuando con detalles aunque no haya motivo, si están lejos, llámales y forma parte de sus vidas a través de la distancia. Despídete de quienes se marchan de tu vida, aunque se hayan ido sin avisar o sin tu quererlo, perdona, no guardes rencores que hipotecan tus haberes y generan pérdidas de felicidad. No te quejes tanto, no reniegues de la situación actual, eso sólo te hace perder el tiempo y la vida es muy corta. Administra bien tu vida y generarás felicidad.
Transcripción del discurso pronunciado como ponente en el I Forum de la Felicidad, celebrado en Arona, Tenerife el 15 de octubre de 2011 y organizado por ACEMA (Asociación Cultural Encuentro de Mujeres en Arona)
Mi camino hasta aquí comienza cuando, en el año 2004, viví el dolor de perder a mi esposo, el padre de mi hija y compañero por 14 años. Un hombre muy valioso que dejó muy buenos recuerdos en todos aquellos que le conocieron. Es una de las experiencias más dolorosas que se puede afrontar. Se preguntarán por que razón inicio una ponencia sobre la felicidad hablando de la muerte, pero hay una razón poderosa para ello y que hasta de la muerte podemos aprender a construir felicidad. Cuando la muerte se presenta, no te da tiempo de pedir disculpas, ni a compensar a los tuyos por todos los momentos no vividos, no admite concesiones, es implacable, irremediable y deja muchos huecos… Sin embargo su vacío te deja tiempo de sobra para recriminarte, acrecentar la culpa, hundirte, pero también y mucho mejor que ello, la muerte y cualquier otro suceso lamentable nos puede ayudar a reflexionar y tratar de corregir nuestro modo de vida. Puedes utilizar el dolor para fortalecerte, madurar y valorar lo que te rodea.
Tras superar ese proceso, el amor llamó de nuevo a mi puerta o mejor dicho, a mi pantalla de ordenador, Sí, amor on-line, el amor por Internet tan denostado antes y más aceptado ahora…Internet llevó a mi vida, el amor de la mano de un canario maravilloso, mi actual esposo, amigo y compañero de aventuras y desventuras. El amor me encontró fortalecida, madura y conciente de lo efímero de la vida y decidida a dejar atrás tanto dolor e ir en busca de la felicidad.
Luego de muchos clicks y papeleos, en 2007, pisé suelo canario después de un largo viaje que, entre escalas y vuelos se prolongó más de 22 horas. Llegué tras la felicidad que representaba para mí, la vida al lado del canario que había robado mi corazón a través de los mares. Ya me dirán ustedes cuánto de fuerte es ese amor, que me llevó a dejar familia, amigos, mis pequeños negocios, pero no llegué sola, mi hija, mi tesoro, vino conmigo, ella me apoyó en este sueño y así le mostré que a veces hay que darse la oportunidad de buscar los sueños aunque estén lejos de casa.
Yo no emigré por trabajo, yo vine por amor, con la certeza de que esta tierra sería en adelante mi hogar. Pero la mayoría de emigrantes deja su tierra por trabajo y lo hacen de manera temporal, con el objetivo claro de regresar a ella. Y no en todos, pero en muchos casos, ese objetivo les lleva a emplearse tan a fondo, que poco tiempo les queda para la integración. Independientemente de que la permanencia en un país extranjero sea a largo, corto o mediano plazo, cuando emigras, debes aprender a administrar tu vida para generar felicidad en tu tierra de origen y en tu tierra de acogida.
Cuando emigras debes luchar para que la nostalgia no te nuble los ojos, impidiéndote ver las bondades que te rodean y que están ahí al alcance de cualquiera. No es fácil. Hay emigrantes que se niegan a conocer la cultura que les acoge enclaustrándose en la suya de manera obcecada, con una actitud que muchos pueden interpretar como una postura fanática o de desprecio a la tierra receptora, cuando no es más que el reflejo del temor a olvidar sus raíces y de dónde vienen. Los hay que asimilan la nueva cultura por completo hasta olvidarse de la propia y los hay que integran la tradición y cultura de su país de acogida, a sus tradiciones de origen y en ellos y sus hogares se produce una encantadora fusión entre dos mundos. Yo pertenezco a este último grupo.
El emigrar me permite ver la vida desde otro prisma. Sé de sobra que las carencias y el subdesarrollo no te impide alcanzar la felicidad así como que el progreso y la riqueza material no la garantizan, así que administro mi vida para generar felicidad entre dos orillas del atlántico. En una orilla, mi tierra, mi Colombia llena de colores, flores, frutas, aromas y verde, mucho verde, en ella Donde están los abrazos de mis padres y los numerosos ratos familiares, mi familia, mi mayor tesoro y los recuerdos acumulados de muchos años, de toda una vida. En esta orilla, en medio del Atlántico en un archipiélago donde, como dice la canción, el viento da la vuelta, donde llaman a la puerta y te abren el corazón, es donde esta mi amor, la armonía de mi hogar, los amigos y la familia conquistada a golpe ser yo misma, el gofio, los bocadillos de pata, el mar, tanto mar, la sorprendente geografía, el clima, los nuevos recuerdos construidos cada día. En cada mundo disfruto de lo que me ofrece y atesoro recuerdos y vivencias para compartirlos en el otro
Como contable que soy pienso que la felicidad es ese saldo a favor resultante de restarle a tus haberes o activos (alegrías, perdones, logros, reconciliaciones, disculpas, vacaciones, celebraciones familiares, triunfos, empleos, convivencias) los deberes o pasivos (rencores, duelos, fracasos, ofensas recibidas, disculpas no dadas, perdones no concedidos, te quieros guardados, abrazos no dados) y a ese saldo a favor que obtenemos, yo lo llamo felicidad. Si el saldo es negativo, debemos analizar nuestras cuentas por pagar y empezar a compensarlas, por que causan una amargura tal que no te permiten ver la luz de los buenos momentos, ni reconocer lo bueno que la vida ha puesto y pone en tu camino.
Con todo esto es evidente que la felicidad la genera cada uno de nosotros, es nuestra responsabilidad, no es delegable. No la encontraremos de compras o llenando nuestros armarios. No importa en el lugar donde te encuentres, ni de donde vengas, si adquieres hábitos generadores de momentos felices, tendrás patrimonio para tirar de él en los momentos difíciles. Por ello, agradece cada día que inicias, disfruta de la belleza de la naturaleza, abraza a los tuyos y diles cuánto les quieres, sorpréndeles de vez en cuando con detalles aunque no haya motivo, si están lejos, llámales y forma parte de sus vidas a través de la distancia. Despídete de quienes se marchan de tu vida, aunque se hayan ido sin avisar o sin tu quererlo, perdona, no guardes rencores que hipotecan tus haberes y generan pérdidas de felicidad. No te quejes tanto, no reniegues de la situación actual, eso sólo te hace perder el tiempo y la vida es muy corta. Administra bien tu vida y generarás felicidad.
Transcripción del discurso pronunciado como ponente en el I Forum de la Felicidad, celebrado en Arona, Tenerife el 15 de octubre de 2011 y organizado por ACEMA (Asociación Cultural Encuentro de Mujeres en Arona)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada